Morgana Vatori
Scortum

9.11.10

Cónyuges - Conyugio - Con yugo

Dos son las expresiones que he oído últimamente acerca del matrimonio, coincidiendo además con la visita del Papa a España que, como todos sabemos, no ha podido quedarse callado en relación al matrimonio y la familia (bueno, por lo menos aquí no ha dicho que el VIH se trasmite porque fornicamos como animales sin mediar amor ni un fin reproductivo). Pero bueno al lío, no me he sentado a escribir para poner verde al Papa, ni para echar por tierra la actitud de nuestro presidente del Gobierno largándose de España mientras el "buen" hombre viene a visitarnos (las comillas son porque no sé si es bueno o malo, no porque lo dude: que luego nos irritamos).

Bueno, lo cierto es que ya que estoy me apetece decir lo siguiente: que una persona no quiera ver al Papa es tan normal como que a mi no me apetezca ir a un concierto, de hecho tampoco me apetece ver al Papa; pero si la persona que no quiere verle es un Jefe de Estado, un Presidente de Gobierno o alguien perteneciente a la Guardia Suiza, me temo que lo correcto es que se joda y haga su trabajo. Este es un mensaje para Zapateiro: Zapateiro, no estoy nada contenta con tu actitud ante la visita del Sumo Pontífice y te lo dice alguien que pasa más de la Iglesia que de su Dios y mira que de su Dios pasa bastante. No obstante, me gusta también decir las cosas buenas: me ha parecido fantástico que aparecieras cuando ya se iba, para despedirle y esas cosas, así el se quedaría con el buen sabor de boca de que sudas de sus royos pero te mola estar en la fiesta cuando se va; muy en tu linea.

Lamento haberme metido en estos temas, me gustaría seguir con mi valoración persona de la personalidad del Papa (no de cómo es, si no de lo que representa) y de Zp (esta si incluiría comentarios sobre él y sobre lo que representa); pero prefiero centrarme en la causa que me ha llevado a sentarme y no en tan distinguidos personajes.

La cuestión, como decía, es que he escuchado dos frases en relación al sacramento/institución del matrimonio (cada uno que coja la palabra que le convenga) y no recuerdo cual me ha hecho más gracia; las reproduzco como hago con todas las citas que despiertan mi interés. Ya saben que me gusta compartir.

Profesora de Filosofía un día lectivo a las 13.35: "Un autor dijo una vez hablando sobre el matrimonio que el matrimonio nulo debería ser aquél en el que los contrayentes se casan enamorados y no al contrario".

Profesor Lightman de la serie Lie to me: "No me gustan las bodas. Terminan en matrimonio".

He aquí la crisis del matrimonio.

Esto me lleva a la pregunta de si podría considerarse el amor un vicio a la hora de contraer matrimonio.

¿Una persona enamorada está en plenas facultades de tomar decisiones importantes?

19.10.10

Hermosura que me abandonas

La belleza es algo tan etéreo, tan personal, tan intangible y destructible que, en mis momentos de cordura, pienso que no merece la pena sufrir por ella.

Tempus fugit, que dice la máxima. Y con él la vida, las oportunidades, los sueños y, como no, la hermosura de la que hablamos se va.
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No soy estúpida. Me caracterizo por ser una persona inteligente, soy tan lista que soy consciente de que mi salud mental y sus crisis dependen de cómo despierte cuando me recupere, depende de cómo me levante cada mañana desde ese día en adelante y soy tan variable que preveo días de absoluta soledad, autodestrucción y amargura, del mismo modo que puedo augurar días de claridad, belleza y orgullo.
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Demasiado riesgo es el que corro dejando mi futuro en manos de mi personalidad.
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Puede que las lágrimas que acaban de recorrer mi rostro no sean más que el fruto de una ansiedad acumulada, pues la gente que me conoce sabe como soy y presumo de serlo. No temo ni al dolor, ni al sufrimiento. Me sentaré a esperar a que el día llegue y transcurra, sufriré lo que deba y comeré lo que me pongan. Creo que un bisturí no acabará con mi autoestima.
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Creo.

8.10.10

Error de conceptos

Supongo que depende mucho de quién lo mire. Supongo que también depende de desde dónde se mire. La pasión, la entrega, los sentimientos puros son tan variables que lo que para una persona puede ser una fuente de excitación, para otra sin embargo es un detalle que pasa desapercibido. Pasa habitualmente, y es el ejemplo más básico, son los gustos; uno observa a una chica en la discoteca y le comenta a su compañero de batallas que le parece atractiva, bueno, creo que más bien diría algo como “mira que buena está esa” o “tetas”. El amigo puede estar de acuerdo o puede no valorar esas tetas por ser comunes, vulgares o feas. Cuestión de gustos.

Personalmente, hace tiempo que me di por vencida. Me siento completamente incapaz de explicar mis sentimientos por cierta persona, para ser más precisa: me siento completamente incapaz de explicarle a él lo que siento por él. El problema está en nuestras visiones de la vida, nuestra manera de entender ciertos conceptos; en el ejemplo de las tetas, ambos saben lo que son tetas y pueden gustar o no gustar, pero si identificasen como tetas cosas distintas, no podrían discutir sobre su belleza o no, porque uno estaría hablando del pecho de una mujer y el otro de sus piernas.

Trataré de explicarlo de una forma concreta. Él escucha la palabra sumisión y entiende una cosa y yo, a esa misma palabra, le doy un significado completamente distinto; por tanto cuando trato de explicar lo que siento por él y me toca usar las palabras sumisión, entrega o cesión, me doy cuenta de que jamás lograré que me entienda. De ahí que me diese por vencida cuando vi (la primera vez que traté de explicárselo) que él escuchaba mis palabras, pero les aplicaba un significado diferente al que yo trataba de darle.

Desde entonces he pensado que conseguiré que me entienda el día que sepa qué palabras utiliza él cuando quiere decir lo que quiero decir yo cuando digo entrega.

24.9.10

No es igual el desprecio que uno desea que el que uno siente cuando no lo ha solicitado. Mi pecho bien lo sabe.

28.6.10

Un fragmento

Sentimientos enfrentados y dudas. Celos enfermizos. Interrogantes.

Locuras. Medicamentos.

Dulzura. Cariño. Ternura. Amor.

Sudor y lágrimas. Dolor.

Pasión, placer, cansancio.
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Miradas furtivas matan y fulminan.

Por mucho esfuerzo que mi ser realiza, el fondo desconfiado aflora cuando menos me lo espero. Materia roja formada por músculo tenso, fuerte y necio, que jamás cambiará; dudará hasta de su existencia y sufrirá por ella. Recuerdo haber dicho que no entiendo el amor si no es sufrido; creo haber llegado a la conclusión de que lo que me ocurre es que no puedo amar sin sufrir. Quizás por eso no amo plenamente, por el temor de llorar palabras, miradas o deseos.

Pasando por un buen momento, no todo es tan bonito como parece.

Maduro con cada día de vida y espero llegar a ser perfecta. Sólo quiero ser feliz y hacer felices al resto; dejar de dañar historias y tener una propia que contar, sin retales, sin cortes y sin pausas.

Me gustaría poder relatar con detalle cada sentimiento y vivencia, pero no puedo. No puedo porque no se lo que siento y, por tanto, no se lo que vivo.

11.6.10

Vuelta a casa

Delante de mi un volante, un cristal empañado, luces y gotas entonando una melodía constante y fría. Adoro las tormentas de verano, en la playa siempre bajo a tumbarme sobre la arena húmeda y me concentro en el sonido del oleaje; la furia característica de la mar en tiempos de guerra. Sin embargo, ayer no había mar, ni olas, ni espuma blanca que pisar; había un trayecto de vuelta a casa.
...
Mis manos, ajenas a mi, conducen con destreza por el asfalto de Madrid; mi naranja mecánica trabaja al margen de señales, los semáforos cambian de color al margen del punto fijo en el que tengo depositada la mirada, no los miro, pero debo verlos porque mis pies articulan la frenada. Miro hacia una de las estatuas que me cruzo a lo largo de mi camino, no sé cuál es porque no se por dónde voy y por mucho que la veo no la miro. Como una autómata pongo en marcha el coche cuando percibo tonos verdes a mi alrededor, espero llegar pronto a casa porque siento en mi esqueleto la angustiosa probabilidad de estrellarme contra algo o, peor, contra alguien.
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Embalses de lágrimas calientes son mis ojos; mi vista cansada por el día, por la hora y por la vida se nubla; los cierro con delicadeza en el siguiente semáforo haciéndose la oscuridad más absoluta en lo más profundo de mí: se desbordan.
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Las ganas de vomitar pueden conmigo, entre lágrimas y espasmos soporto cada arcada observando como esas manos que me llevan a casa comienzan a temblar y desfallecen. Suerte que, de nuevo, me encuentro parada entre taxis y coches de borrachos.
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Con mi pausa en el último semáforo he tocado fondo, consciente de la situación me esfuerzo por respirar hondo y aguantar hasta llegar a casa. La realidad, fuera de mi coche, se cierne oscura y melancólica: acabo de entrar en carretera.
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El viaje, que normalmente transcurre en diez o quince minutos, se me está haciendo eterno. No veo el momento de llegar a mi cama o, mejor, a mi suelo: si mi lecho está frío que sea porque el parquet no ha cogido temperatura y no porque mi cama apesta a soledad.
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Un estado provocado cuya responsabilidad recae directamente sobre la que escribe, la que llora y conduce.
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La llegada a casa no está exenta de drama. Aparco con los ojos entreabiertos, busco puntos de referencia y ellos, hinchados, se cierran por el estrés y el sueño que pesa como una losa sobre mí.
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Punto muerto, freno de mano, apago luces y motor. Miro al techo del viejo bólido y pienso en mi esquela “murió sabiéndose querida”. Supongo que más de uno añadiría “pero sin ser capaz de querer”.
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Me tambaleo a lo largo del garaje, un pie tras otro y llego al ascensor con las fuerzas justas para llegar a casa y desplomarme en mi suelo; y así lo hago, dos almohadas y falta de cariño: en una deposito la cabeza y en la otra el corazón.
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Mañana será un mejor día, un escalofrío recorre mi cuerpo, es poco probable que pueda empeorar.