Morgana Vatori
Scortum

16.2.10

Va de números

Ha pasado un mes desde que tomé la fea costumbre de pesarme todas las mañanas después de la ducha. La primera cifra fue 54.6, la última ha sido 50.8, ¿me habré metido dónde no me han llamado? No se si es una pregunta, una mera afirmación o una confesión, y escribo esto comiendome un bocadillo de salchichón del barato, que es el que más me gusta.

La obsesión no va conmigo, siempre que me he enganchado a algo lo he dejado o al menos he tratado de hacerlo, me pasó con los estudios, me ha pasado con el amor y puede que me esté pasando por el peso. Lo dudo, pero la posibilidad está ahí. 

¿Saben qué es lo que ha ocurrido? Antes de comenzar con este extraño periodo pesaba en torno a los 55,5. La semana o semanas en las que perdí ese kilo sin darme cuenta fueron los días en los que tuve que despedirme de mi 90 y saludar a 85 (C, pero 85 al fin y al cabo). Era precisamente 90 la que me impedía bajar de 55, pero una vez violada esa norma casi fundamental en mí, obviamente, la cifra puede seguir bajando, ya no voy a llorar más.

Sucedió aquello que más temía, perder a 90. La marcha de 95 allá por el 2008 fue horrible, me encontré con un escaso escoté que me arrancó más de un llanto; pero a rey muerto, rey puesto, y 90 me dio el cariño que necesitaba.

Después de un año y medio 90 ha decidido abandonarme, me ha cambió por un kilo menos, ¿qué haría tan mal para abandonarme de ese modo? Quizás la locura que me ha venido acompañando, no lo sé. Sin embargo, tengo que ser sincera conmigo misma, a finales de octubre comencé a notar algo raro, ella no era la misma, tenía la mirada vacía, estaba ausente y nos sentíamos incómodas; quizás no debí hacerlo, pero lo hice, fui a Intimissimi y probé con otras.

Puede que ella se enterara, en una misma tarde me vi con 85B y 85C, la primera excesivamente joven para mí, pero la segunda era perfecta; no me gustó esa sensación, pero me sentía llena con ella. Es probable que 90 se enterara y por ello se fué de ese modo, un día desperté y todo lo que tenía eran sujetadores grandes.

La llegada de ese día era una de mis peores pesadillas, y aunque sorprendentemente su marcha no me apenó tanto como la de 95, me dolió desprenderme de sus recuerdos.

En fin, el caso es que mi romance con 85 va viento en popa, espero no perderla a ella también. No obstante, soy consciente de que ella y mis kilos tienen una relación muy, muy estrecha que puede truncarse en cualquier momento. En cualquier caso asumo mi culpa, perdí a 90 y ya todo me da igual, si pierdo también a 50 estaré genial con 49 y si él también decide irse, haré lo que sea por no perder a 48. Me gustan las mujeres voluptuosas.

1.2.10

Haka Maorí

Hades me ha dicho que se acordó de mí viendo Invictus y no es de estrañar pues mi querido juega al rugby; pero, según me ha contado, no ha sido eso lo que llevó mi ensencia hasta su mente mientras disfrutaba de la película.

El largometraje cuenta dos historias paralelas íntimamente conectadas, por un lado el obrar político del adorado Mandela y, por otro, la historia de un equipo de rugby, hoy de los mejores, que tuvo que enfrentarse a los All Blacks en su primera intervención en un campeonato de estas características. Corría el año 95.

Mi querido y tarado compañero se acordó de mí mientras los neozelandeses danzaban su Haka Maori, que, para los que no lo sepan, es un baile con su correspondiente canto que las tribus de la zona entonaban al inicio de la guerra y, pese a que actualmente en política se usa como baile de bienvenida, el equipo nacional de rugby conserva su origen y lo usa para intimidar a los contrincantes. Y se preguntarán ustedes qué tiene que ver todo eso conmigo.

Es algo difícil de enteder para los que no me conocen o no pueden comprender el escalofrío que recorre el cuerpo de alguien cuando aguarda de rodillas una caricia del ser que le domina; pero lo cierto es que esos animales me vuelven absolutamente loca. Matizo: ellos no, lo que representan.

De momento comparto el video, más tarde trataré de relatar al detalle lo que el Haka me produce.

PD: el video no tiene la calidad de imagen y sonido que me habría gustado, pero es el que mejor muestra lo que veo en esos hombres.

18.1.10

Corrían otros tiempos

Corrió hasta la esquina, al doblarla trató de calmarse y pasar desapercibida, agarró el bolso con fuerza y continuó andando a paso rápido. A penas quinientos metros la separaban de su destino.
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Continuaba llorando cuando divisó la puerta, llevaba las medias rotas, la camisa mal colocada y estaba bastante despeinada; el rimel había dibujado unos preciosos cauces por los que las lágrimas seguían resbalando y su carmín estaba extendido por una de sus mejillas. Él la vio a lo lejos, daba pasos rápidos pero cortos, y sabía que se dirigió hacia sí. Dio la última calada a su cigarro y, girando la cabeza hacia el interior del edificio, dijo: “Atención, damisela en apuros.” Cuando ella llegó, en la estancia todavía se oía el eco de las carcajadas de sus compañeros.
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- Siéntese, por favor. –le ofreció el caballero.
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Ella tomó asiento, sacó un pañuelo de su bolso con delicadeza y trató de calmar el temblor de sus piernas.
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- Tranquilícese, ¿qué le ha ocurrido?
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No hablaba, porque no pensaba; el terror se había adueñado de sus entrañas y la mano que el Inspector le puso en el hombro le resultó tremendamente desagradable. Retiró el hombro y llevó su mano hasta él, tratando de proteger esa parte del cuerpo que aún no había sido golpeada.
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- Tiene que contarme lo que ha pasado.
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Sus ojos llorosos buscaron una mirada de complicidad en aquel hombre que trataba de ayudarla, se tranquilizó al vislumbrar cierto gesto de amabilidad y logró centrarse en la situación.
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- Me ha pegado. Mi marido me ha pegado.
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El Inspector miró al techo, suspiró y llevó su mirada a sus manos, que se apoyaban en la mesa con los dedos entrelazados. Observó a la mujer y trató de analizar sus marcas, el estado de su ropa, su nerviosismo, miró su escote y sus uñas rojas. Finalmente respondió:
...
- Señora, algo habrá hecho.
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Corría el año 1965. Eran otros tiempos.

14.1.10

Es lo que tiene...

... dejarlo todo para el último momento.

5.1.10

Desde el estante

Tiene la cara fría, porque tiene frío. Abraza con ganas la manta que la cubre y frota sus pies uno contra el otro a la espera de que las llamas de la chimenea caldeen la habitación. Hasta hace un momento sostenía entre sus manos a uno de mis compañeros, acariciaba su piel y se entretenía con él, ahora duerme. Tiene la piel blanca y el cabello rubio. El moño se ha ido deshaciendo a lo largo del día y ahora algunos mechones cubren su preciosa cara. Nos usa y nos deja descansar, no ha acabado con uno y ya tiene en mente a otro. Siento celos.
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Su respiración es lenta, parece estar muerta. De vez en cuando acaricia a Platón, pero en seguida le deja a un lado y vuelve a cubrirse con su manta. Parece tranquila, la observo en silencio mientras pienso en cuándo me llegará la hora a mí, el día en que me tome entre sus manos y sienta sus dedos recorriendo cada centímetro de mí. Muero por ese instante.
..............
Sus ojos azules, que ahora permanecen cerrados, suelen recorrernos en busca de nuevas fantasías, pensamientos, su imaginación vuela y su locura parece cesar mientras la acompañamos. Yo les veo como ceden a sus antojos sin oponer resistencia, con la cabeza gacha aceptan las posturas que ella les impone; ellos, allí, no pueden observarla como yo la observo. Su delicadeza, la furia de sus ojos cuando se enfada, la dulzura con que su pelo cae sobre sus hombros; tirita cuando tiene frío, pero normalmente pasa mucho calor; sube sus faldas por encima de las rodillas y deja caer sus tirantes, resopla mientras escribe y se mueve agitadamente cuando duerme. Su locura suele aparecer en sueños.
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Todos pensamos que es una diosa, nos compra y escoge, nos cuida y nos mima también. Decide cuando estamos con ella y cuando esperamos, cuando le gustamos y cuando no. Sabe lo que pensamos. A veces se lleva a tres o a cuatro al dormitorio y al día siguiente solo aparece uno, algunos no vuelven y otros vuelven pasados unas semanas. A veces nos usa de tres en tres e, incluso, la he llegado a ver con cinco. Adivina nuestros pensamientos, sólo con mirarnos sabe si tenemos algo que ofrecerle o no. Es una diosa. Nos lee cuales libros, porque lo cierto es que libros somos.

2.1.10

Laura

Dormía plácidamente en la cama cuando un trueno la sacó de sus sueños. La tormenta bañaba la calle y las gotas provocaban un molesto ruido al chocar con los cristales, se levantó, camino con frío hasta la ventana y bajó la persiana todo lo que pudo.
...
Se giró para observar como él seguía tal y como lo había dejado horas antes, durmiendo boca arriba, cual muerto, y sin enterarse absolutamente de nada.
....

Fue a la cocina a beber agua y luego al baño a hacer pis. Allí sentaba estuvo pensando un buen rato en la imagen que el espejo le había devuelto al entrar en el baño, no era especialmente atractiva, pero tenía buen cuerpo: estaba contenta. Se dio cuenta de que había terminado hace tiempo y ella seguía allí, medio dormida, pensando en si debía apuntarse o no al gimnasio.
....

Se limpió y lavó sus manos, se acerco a la habitación y se metió en la cama, abrazando el cuerpo inerte de su pareja. Él, inmediatamente, comenzó a hablar en sueños.
....

- Vamos.
- ¿A dónde vamos? – preguntó ella extrañada.
- A follar – contesto el sin mover los labios.
- ¿Quiénes?
- Tú y yo.
- ¿Quién soy yo?
- Laura.
....
Se dio la vuelta y con la mirada fija en la nada, arropada y cómoda, se puso a pensar.
....
¿Quién es Laura?